Eso fue Gracián en La Plata, la versión light del conductor que Boca necesita. Chávez dio más…

Gracian

Qué flojito lo de Gracián. Un partido propio de un mago: nada por aquí, nada por allá. En un Boca insospechadamente light, que regaló un tiempo y jamás le encontró el punto al partido, Leandro fue la primera línea de la languidez. Tímido, como escondido, sacándose la pelota de encima, dando pases de dos metros, cero en elaboración y cero en desequilibrio, condujo a las comparaciones más odiosas y más dolorosas.

Pero de Riquelme salgamos rápido. Román es Román y Gracián es Gracián. En todo caso cabe preguntarse, y el partido de ayer robusteció la pregunta, si ausente el conductor titular Gracián es la mejor alternativa que dispone Ischia. Respuesta: en principio, sí, pero sólo en principio. Hablamos de un futbolista maduro, formado, experimentado, y técnicamente apto. Buen pie, buen pase entre líneas, buena gambeta. Además, y he allí un dato que más nos vale poner sobre el tapete, Boca desembolsó por él unos cuantos peniques. Su salida del Monterrey de México demandó negociaciones propias de un fuori classe.

Claro que menú técnico, inversión y necesidad deportiva de emplear la inversión están lejos de redundar en el jugador ideal para Boca. También se requiere un temperamento específico.

Sobrellevar el peso adicional que conlleva la camiseta de Boca, que ya ha despintado a varios cracks de utilería. Y Gracián, examinar su trayectoria, salvo una dichosa primavera en Vélez muy rara vez sostuvo sus destrezas con la determinación que las circunstancias exigían. A nadie debería sorprender su ausencia de cuerpo presente en un partido de lucha por la punta.

Ahora hablemos de Chávez. Después de Gracián, viene Chávez. La tribuna pide a Chávez. El partido contra Estudiantes pedía más minutos para Chávez. El propio Chávez viene pidiendo más minutos. La camiseta no le pesa. La pelota le circula redondita. Si la pierde, ayuda a recuperarla. Si le pegan, se las aguanta. Chávez va y va.

Pero hete aquí que Chávez es todavía un chiquilín que adeuda unos cuantos golpes de horno. Si ayer hubiera jugado tan mal como jugó Gracián, probablemente la tribuna hubiera cuestionado a Ischia por “quemar al pibe” y nosotros estaríamos preguntándonos por qué no Gracián, qué pasa con Gracián, qué problemas hay con Gracián.

Como todo técnico, Ischia deberá asumir el costo de sus preferencias.
Fuente: ole.clarin.com