Le crecieron los enanos
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Boca venía de sufrir a Buonanotte y le apareció Piatti, otro petiso habilidoso que lo complicó. Sin ideas, el equipo de Russo rebotó y tiró otra buena chance.

Salió de Buonanotte y lo atendió Piatti…
Tan chiquitos en sus físicos, tan grandes por su sensibilidad con la pelota, los dos le generaron un par de granos a Boca en su desorientada actualidad. Es que con sus goles, su fútbol y sus equipos sólo le permitieron sumar un punto en dos partidos.
Porque Boca parece haber entrado en una noche cerrada, desvelado justamente desde que Buonanotte dio cátedra en el Riverazo. Y ayer Piatti lo madrugó bien temprano, con un Pincha inicialmente sorprendente, pero luego apocado. Que Estudiantes se haya autoconfinado a aguantar el 1-0 y después el 1-1, es otro cantar. Que el visitante haya jugado un fútbol de urgencias, como en estado de emergencia, no exculpa a Boca de su falta de ideas.
En realidad, Boca machacaba sin ir a ninguna parte. A lo sumo, podía cansar a la defensa. Descolocarla. Pero no era el caso. De golpe, en medio de tanta monotonía, entre la sucesión de centros a la olla, hubo una perla: surgió una idea. Llegó un centro a media altura, hubo una peinadita-asistencia de Palacio para el pique corto de Palermo, quien clavó el 1-1.
Ahí se redondeaba el resultado, ante la anteojera mental de Boca para urdir algo más y la resignación de Estudiantes a amucharse atrás, constituirse en murallón y no encarar contras filosas, como contratáctica razonable ante el campo abierto que dejaba el local a espaldas de todos, menos de Paletta.
Ollazos y murallón. El partido había comenzado con rápida ventaja de Estudiantes, y situaciones como para aumentarla. Boca dejaba espacios por detrás de sus laterales, especialmente en su sector izquierdo. Morel Rodríguez se abría para el arranque cerca de la media cancha. Alvaro González tiraba a juntarse más con Battaglia; atrás, Paletta debía cubrir ese espacio, y si llegaba tarde, algún centro encontraba a Roncaglia mano a mano con Maggiolo.
El partido para Estudiantes estaba ahí si se hubiera dispuesto a contraatacar sistemáticamente, no de modo esporádico y sin tanta convicción. Y también por detrás de Ibarra. Entonces, Boca tenía más que nunca la iniciativa, pero sin brújula. Se manejaba con impulsos. Gracián ambulaba. Había uno o dos formulitas: centros, para colmo ni siquiera al segundo palo; o la sociedad Ibarra-Ledesma para alimentar a Palacio por abajo o a Palermo de arriba. Todo entrecortado, neutralizado por el murallón.
Es que Boca no embocaba un buen pase para Palacio. A veces era inalcanzable lo que le mandaban. Tuvo un relumbrón cuando De Sábato cedió dos córners al ganarle los saltos a Palermo, y en otra, Alayes, de abajo, ante Palacio. Hubo además un zurdazo de Ibarra, que retumbó en un poste, pero también Salgueiro y Magliolo desperdiciaron un par de contras.
El segundo tiempo, acentuado desde que los dos se quedaron con diez, se jugó con Estudiantes a la retranca para que el rival fracasara en espacios reducidos. Conceptualmente jugó cohibido por la falta de titulares, pero lo hizo a pulmón, concentrado en su fortaleza, salvo en el 1-1.
Y Boca es para que rememore el sentido de equipo que le daba Riquelme. Ahora es una sombra, que se alarga en su oscurecida actualidad. Vive como desvelado, desde lo de Buonanotte. Para colmo, Piatti lo durmió también.
Fuente: ole.com.ar